En los años veinte del siglo XX Quibdó se consolidó como el principal centro urbano del Chocó, beneficiándose por la doble condición de capital administrativa y de centro comercial, por su conexión fluvial con el principal centro aprovisionador, Cartagena, además de Lorica, Cereté, Montería y el Urabá que fueron abastecedores principalmente de alimentos. Estos productos, llegados al puerto de Quibdó, seguían a la zona del San Juan por las nuevas vías que iban a Istmina y de allí a los centros mineros.
El inusitado auge del platino produjo un apogeo tal, que aun en las propias calles de Quibdó, en 1916, se hicieron explotaciones mineras que el gobierno tuvo que frenar mediante aplicación de normas de salubridad pública. Desde este momento el crecimiento y la importancia que adquirió la ciudad rebasó los fronteras nacionales y en el exterior era mirada como la ciudad de mayor porvenir en Colombia, un país cuyo progreso desde 1920 “ha sido tan sorprendente que lo convierte en uno de los más progresistas de la América del Sur”. En artículos publicados en el “Suplemento Semanal” de Buenos Aires (Argentina) y en “La Tarde” de Bilbao (España), casi en los mismos términos con pequeñas diferencias se dice:
“En esta bella región, a orillas del Atrato, a 250 kilómetros de su desembocadura, se encuentra la bonita y pequeña ciudad de Quibdó. Este agradable rincón, rodeado de hermosísimas colinas, con una temperatura media de 26 grados, se está poblando de extranjeros. Forasteros y extranjeros son recibidos allí con los brazos abiertos. Allí no se pregunta al recién llegado de donde viene, sino que necesita. Por eso se ha ganado el calificativo de “La Ciudad Amable.